Translate

martes, 23 de junio de 2020

LA VIDA UNIVERSITARIA DE LOS SIETE SABIOS. CUENTOS DE LA TROJA DOS. JUAN JOSÉ BOCARANDA E.



Narrador: DIÓGENES
140.LA VIDA UNIVESITARIA DE LOS SIETE SABIOS.

Convencidos los Sabios de  que lo importante no es “parecer” sino “ser y saber”…

Quizás sea conveniente recordar que los Siete Sabios de Grecia fueron enviados a su país por Zeus, para que por experiencia inmediata percibieran en pellejo propio cómo se estaba batiendo el cobre en los nuevos tiempos.

El Prefecto de Disciplina, por nombramiento del Dios del Cielo y de los Truenos, fue Diógenes Kastañazos, quien acompañaría a los Siete durante su no muy larga estadía en Grecia.

Lo único que pudo conseguir Diógenes para que vivieran los Siete y él en Atenas, fue un rancho miserable, ubicado al oeste de la ciudad, en el barrio “Los Mamónides”.
“Los Mamónides” había sido bautizado por sus propios habitantes, para aludir al hecho de que todo el que vivía allí, llegaba “mamado” de agotamiento físico, mental y moral, en un cuento de nunca acabar.

Cuando los Sabios se establecieron en el rancho, donde convivirían con los más pobres de los pobres, alimentándose como los cochinchinos, de sapos y cucarachas, colocaron a la entrada del barrio un gran letrero que decía: “Nuestra mayor virtud es subsistir”.

Los Siete Sabios no estaban desvinculados del Derecho. Antes por el contrario, les entusiasmaba por más de una razón, en especial a Solón, por haber sido legislador. Además, lo exigía  el Reglamento impuesto por Zeus.

Para Zeus, era fundamental el conocimiento del Derecho porque a través del mismo debe canalizarse el Bien, irradiándose hacia toda la sociedad.
Los Siete  debían desarrollar discusiones jurídicas en el rancho, varias veces a la semana, y asistir, por turnos, a las clases de Derecho que se impartían en Ucevépolis. Por turnos, porque  tenían otras tareas, unas en relación con la subsistencia propia, otras en relación con la comunidad. Una comunidad pesada, indiferente, reacia a colaborar y casi totalmente dividida.

Los Sabios asistían a las clases en calidad de simples “oyentes”. Carecían, todos ellos, de los papeles necesarios para la inscripción. Sin embargo, eso no les impedía aventajar a los alumnos regulares que, por serlo, pretendían obtener el título sólo por esa circunstancia. Lo único que interesaba a la inmensa mayoría de ellos, era graduarse para salir a despellejar a sus compatriotas, utilizando el título como bate, palanca o puñal, si era necesario, y dispuestos a entregarse al mejor postor bajo la divisa “Lo mío es el billete, nada más”.

Convencidos los Sabios de  que lo importante no es “parecer” sino “ser y saber”, prestaban la debida atención a las explicaciones de los profesores, quienes en su mayoría les dispensaban un trato despectivo con el pretexto de que no eran alumnos regulares:  en realidad obraban así porque los envidiaban ya que eran considerados “sabios”, y lo eran sin necesidad de papeles ni de títulos, como lo presumen otros.

Para asistir a la Universidad, Tales, Quilón y todos los demás, tenían   que levantarse muy temprano, a las 4 de la madrugada, pues las clases comenzaban a las 7. Tenían que ir a pie desde el barrio hasta la Universidad, y con el estómago vacío. Sin embargo, se destacaron  al punto de que muy pronto ganaron prestigio en toda la institución.

Había en los Siete -unidos por idénticos principios- algo que incomodaba a los profesores hasta el punto de reunirse para concebir la forma de expulsarlos: era la gran cantidad de preguntas “indiscretas” que les arrojaban como pedruscos imprevistos,  poniéndolos en apuros. Porque eran preguntas de profundidad, no por salir del paso ni relativas a cuestiones de poca monta intelectual o moral. Eran preguntas que esperaban respuestas serias, que requerían concentración e interés. Porque, ¿ qué concentración puede haber si no existe el interés, un interés de altura, de principios filosóficos y morales?

-Hasta parece que se trata de algo planificado para hacernos quedar mal -comentaban algunos profesores.

-Debe ser que no tienen cosas más importantes que hacer en su día a día

-Deben ser millonarios o mantenidos por enemigos nuestros.

Algunos profesores se hacían  los sordos para obviar las preguntas de los Sabios. Pero, llegó un momento en que todos los alumnos, con mayor o menor intensidad, exigieron respeto, seriedad y respuestas directas y claras. Y hasta hubo amenazas de paro estudiantil. Los profesores tuvieron que dejar de lado sus amarillentas libretas de viejos apuntes de cuando estudiaban Derecho en tiempos de Calístenes, y abocarse a serias reflexiones sobre las materias planteadas por los Sabios.

-¡Esos sabiondos del carajo!- gritó un profesor que casi paró en loco.
-Sabiondos ustedes, pura apariencia y vaciedad -les respondió una alumna que después se destacaría como abogada del  ultrafeminismo.

-Ustedes, cuando un libro no les interesa porque los incomoda y los adversa, recurren a las campañas del silencio, pero esa treta ya no le funciona -agregó la líder.

En fin, la vida de Ucevépolis en adelante no sería la misma. Las de los Sabios tampoco.


140.1. FILOSOFÍA DEL DERECHO CAVERNARIO. EL PROFESOR PAKIDERMOS.

El Derecho, ¿”Gran Regulador”, como lo definió Norbert Wienner? ¿O Derecho “des-regulado”?
El único regulador verdadero y adecuado del Derecho, es la Moral.


Un día, cuando asistieron Solón, Bias y Quilón, les dio clase de Filosofía del Derecho el megadoctor  Rapácides Pakidermos,   summa cum de la Universidad de Bursidán  y proponente de  la Cátedra de Derecho Neopuro,  por idea traída de Europa.

-Profesor: - le pregunta Solón- ¿qué opina de la propuesta que hay por ahí de conjugar la Moral y el Derecho en un Estado Ético de Derecho?

-¿Qué debo decir sino que se trata de un formidable disparate, más grande que la Tierra? Sólo a un lunático ignorante se le puede ocurrir semejante aberración.
-¿Aberración? 

-¡Claro! ¿Ese sujeto no sabe que el Derecho y la Moral jamás pueden unirse, que desde hace más de dos mil años  han estado separados y que así deben continuar porque así lo decretaron las tres divinas personas?

-¡¿Las tres divinas personas?

-Sí. Cristian Thomasio, Enmanuel Kant y Juan Amadeo Fichte. Y ratificado por otras razones por la Escuela Positivista y el formalismo jurídico de la Escuela de Viena.
Una persona medianamente inteligente debe comprender que la unión de la Moral con el Derecho es algo imposible. Algunos basan esta imposibilidad en que  el Derecho permite actos que prohíbe la Moral. Otros, en que la Moral se caracteriza por la interioridad y el Derecho por la exterioridad. Pero yo desestimo por inútiles estos argumentos. Los míos son argumentos fácticos, de realidades, no de idealidades, motivos prácticos, no teorizaciones metafísicas.

-¿Y cuáles son esas razones prácticas que hacen imposible la conjunción de la Moral y el Derecho?

-La Moral se convierte en un estorbo para el progreso humano y de las instituciones; arranca autonomía a los Poderes del Estado e impide que éste establezca las leyes conforme a las necesidades de expansión y ascenso del capital.

-En otras palabras, el problema de la Moral es el de que impide que la ley establezca abusos y desmanes; que los funcionarios hagan lo que les convenga; que los jueces se desvíen y los mandataríos abusen del poder. ¿Verdad?
-Así es, exactamente. Por consiguiente, según Usted, debe haber una separación radical entre el Derecho y la Moral.

-Sí. La Moral no tiene nada  pero nada que ver con el Derecho y el Derecho no tiene absolutamente nada que buscar en la Moral.

-¿Quiere decir que el Derecho puede ser todo lo injusto que establezcan los intereses de los poderosos, con total libertad.

-Sí. Con la más absoluta libertad.

-Luego ¿para Usted lo que debe existir no es un Derecho fundado en la razón y en la justicia y en la esencia de lo humano, sino un Derecho de la fuerza? ¿Un Derecho Cavernario?

-Llámelo así, si quiere.

Bias le preguntó: ¿Usted opina que el homicidio debe ser castigado?  ¿Por qué?

-Debe ser castigado, mas no por razones morales sino exclusivamente prácticas. Al Derecho no le interesa para nada el asuntejo de la Moral.

-¿Y cuáles serían esas razones prácticas que imponen la necesidad de la ley penal?

-Son varias las razones:
1º.por política social, para aparentar que se cumple la justicia
2º.para cubrir las apariencias de bondad y corrección
3º.para apaciguar a los deudos y evitar venganzas por cuenta propia
4º.para justificar la creación de tribunales y dar ocupación a los desempleados
5º.para que no nos señale la comunidad internacional.
Repito: la Moral no tiene injerencia en el Derecho.  Y así debe seguir siendo por lo siglos de los siglos. El Derecho debe ser libre. No necesita beatas ni chaperonas. Si se aceptase la Moral en el Derecho, ¿qué sería de los negocios en general? ¿Ustedes quieren que desaparezca la sociedad? ¿Ustedes quieren que la gente se muera de hambre? ¿Y dónde quedarían la productividad, el producto territorial bruto y las leyes de la economía? Pues ello sucederá cuando se admita la injerencia directa de la Moral en el Derecho. Y yo no podría seguir aquí brindándoles mis valiosos conocimientos éticos y jurídicos, porque tendría que renunciar.

Intervino Quilón:
-Profesor, ya que usted sabe tanto, ¿por qué no escribe un libro contradiciendo al que propone la simbiosis de la Moral con el Derecho? Así podría demostrar que es Usted quien tiene la razón.

-¿Usted qué quiere? ¿Que tenga que estudiar Derecho de nuevo, cuando ya mi vida está hecha y mi sistema profesional armado?

-Ahhhh…!Eso es todo! Eso es todo- concluyó Quilón- Usted defiende el Derecho Cavernario porque si no existiese éste, ¿qué sería de los privilegiados del  Derecho? ¿Qué sería de los usureros, de los banqueros, de los especuladores, de los contrabandistas, de los ladrones de cuello blanco, de los jueces alcahuetas, de los policías complacientes, de los traficantes de armas o de drogas? ¿Qué sería de los funcionarios ladrones?



140.2.EL PARAGUAS PROTOCOLAR DEL PROFESOR AVENTOKLES

Después de las meditaciones vespertinas, los Sabios se reunieron en el hall trasero del rancho para entretener el hambre.
Todavía latía en ellos el malestar que les habían dejado en el ánimo el ser y la manera de ser del Profesor Pakidermos. Con su esponjamiento sapiencial, sus poses aristocráticas, su exposición engolada, su rustiquez moral, su miseria interior, y, sobre todo, con su notorio y descarado desprecio por los asuntos de la Moral.

-Es característico -dijo Pítakos- de  la gente que menos vale: la mediocridad, que  descansa sobre la solemnidad y la incapacidad para las cosas grandes.

Apenas estoy en presencia de un hombre mediocre,-dijo Quilón- lo distingo por sus poses tiesas, por su  orondez de botija. Es lamentable que la Escuela de Derecho esté plena de profesores orondos, que se creen dueños de la verdad y que tienen derecho a imponer sus opiniones retrógradas, que terminan por frenar el avance de la sociedad. Nada tan digno y ejemplar como un profesor humilde, comprensivo y amplio…

-Por cierto, Quilón, -intervino Cleóbulo- dinos qué es lo que llamas “el paraguas protocolar”...

-Bien, Cleóbulo: Al recordar al siempre solemne pro­fesor Aventokles, que todos conocemos, pienso en el grandísimo esfuer­zo que hace el mediocre al adoptar poses solemnes  aun para las cosas más simples de la vida.

-¿Tú crees? -preguntó Tales

-Sí. Cuando  nota que alguien lo está mirando, adopta de inmediato esa pose de globo, pues necesita “darse importancia”. Mientras está en público, tiene que mantener esa apariencia.

La conversación se repartió entre todos, y cada quien agregó sus comentarios:

-Entonces, por la noche debe llegar muy cansado a casa, después de una larga jornada de aventada “importancia”.

-Por eso pienso que si alguien es merecedor de compasión cristiana es el mediocre.

-Pero tam­bién de admiración, pues no deja de ser admirable el hecho de que esa persona pueda andar a la vez espetada y fruncida, situación que no me parece natural.

-Y por no ser natural, hemos de  suponer que el mediocre recurre a medios artificiales para obtener esa figura de globo.
-Esa  prótesis es “el paraguas protocolar” que todas las mañanas, poco antes de irse a la calle, se traga en forma de píldora efervescente. Y así, se presenta al público, con el paraguas ex­pandido en su interior y con la figura de una “sota” escapada de algún juego de barajas. Paraguas que expulsará por la noche cuando ingiera la píldora colagoga, que, por cierto, a veces no resulta eficaz.

-¿No siempre funciona la píldora?

-Claro que no. ¿No han oído decir ustedes que don fulano o el doctor mengano, murieron “por causa desconocida”? Pues se trata, sencillamente, de que los médicos ocultan que  aquel globo de humo murió porque el paraguas protocolar se le quedó engarzado en el píloro.

-Entonces debemos rezar por esa gente, compadeciéndola como se compadece a las personas que están muriendo, sin saberlo, de muerte vergonzosa...

Y aquí feneció la conversa sobre el hombre mediocre y los docentes de la petulancia…¿Para qué más?

140.3. “LA GRAN MARCHA POR LA VIDA”.

Los Siete Sabios se integraron plenamente a la vida universitaria y a los intereses de los estudiantes como tales y como integrantes de una  sociedad plena de problemas. Por eso formaron parte de las manifestaciones estudiantiles, como  “LA GRAN MARCHA POR LA VIDA”, organizada por los Sabios y cuyo desarrollo describimos ahora:

-¡Cabrones¡ ¡Qué aborto tan sangriento¡ -grita Quilón.
Un enano, a riesgo de ser aplastado por un tambor descomunal que va golpeando con un bate, camina frente a la manifestación. Es “La Gran Marcha por la Vida”, a la que se ha dado cita el pueblo de Atenas, multitudinariamente.
Mientras el tambor resuena con tonos de marcha fúnebre, la manifestación avanza desde la Plaza del Rectorado de Ucevépolis, donde se han concentrado los habitantes de los barrios más miserables de la capital y del interior de Grecia. Se detendrán en la explanada, frente a la Asamblea del Pueblo, cerca del Areópago, donde los Sabios de desabrocharán sendos discursos.
Se han dispuesto siete carretas abigarradas, en cada una de las cuales va un Sabio, sobre una plataforma, portando el símbolo de “las siete plagas de Grecia”
¡Avancen más¡ - logra escucharse la voz dictatorial de Periandro- y el enano, dándose por aludido,  redobla la intensidad de los golpes, como si odiase el cuero del tambor.
-¡Que canten las mujeres, que canten las mujeres¡- grita  Calipso, hija de Titán, quien ha venido de El Callao  con un grupo de percusionistas del metal, bailarinas y algunos yanomami.
Solón luce serio, espetado y solemne como todo buen legislador. Más aun cuando le preocupa  la hambruna democrática que padece el pueblo de Grecia. Carestía. Prepotencia. Impunidad. Abuso. Acaparamiento.

Detrás de los Sabios, numeroso grupo de estudiantes,  todos de negro en punta, portando sobre los hombros una descomunal urna de cartón, con cuyo color contrasta la blancura de las pancartas, ondeadas como las olas por el viento.
Napoleón, te troncharon tus cien días
Napoleón, no estás muerto. Vives coleando en nuestros corazones
Invadamos  Santa Elena.

Napoleón había sido un estudiante ejemplar y  pacífico, que sólo por equivocación fue a parar a la Universidad, pues su anhelo era la carrera militar, donde soñaba ser algún día gran capitán e invadir los países, sobre  millones de cadáveres, para hacerse coronar emperador. Estudiaba primer año de Derecho y vivía en Stalingrado, residencia estudiantil ubicada entre la piscina y el comedor, en Ucevépolis.  Cuando se preparaba para el segundo examen parcial de Derecho Constitucional, tuvo la desgracia de portar una carpeta entre cuyos papeles había una tesis  que analizaba “los regímenes despóticos”, hecho por el cual lo detuvo un grupo de  policías. Se decía que lo habían torturado, remachándole grapas en la cabeza, antes de arrancarle la cabellera. A centenares de kilómetros de  Atenas fue hallado, envuelto en cadenas, el cadáver de un joven mutilado por los peces y vuelto jabón por al agua del mar. Se dijo que era el cadáver de Napoleón. Su novia Josefina – también estudiante de Derecho- creyó haberlo identificado….
Y  la procesión sigue avanzando. Un altoparlante, sustraído del Museo de Grahan Bell, arroja chorros de “salsa” sobre la multitud, ducha en  menequeos callejeros.
La marcha parece todo un éxito. Los policías, forrados como nunca en sus adminículos democráticos, están apostados en las esquinas y en las azoteas, amenazantes.
Los gobernantes están preocupados porque, hasta entonces, no hay pretextos para la represión. La marcha avanza  pacíficamente hacia su objetivo. Pero  un Ministro, graduado en la Universidad de Pharsas, ha pergeñado, previsivamente, un plan….
Cuando la manifestación llega frente al Edificio de la Asamblea del Pueblo, encuentra  tenderetes, parrilla de pollo, de faisán, de cochino y de res, con hallaquitas y picante, todo gratis; música, licor, serpentinas, ban­derines, papelillo, pitos, flautas, chirimías y todo un ejército de arlequines y payasas que invitan a la  cumbia y al relajo, haciendo lengüe­tear como serpientes, coloridas “matasuegras”, con las que gol­petean la nariz de los manifestantes.
En el choque cultural se mezclan, entreveran y machihembran ambos grupos, en un revoltillo musical que se prolongará en bailes y  borracheras, hasta el amanecer.
Quilón grita
-¡Cabrones! ¡Qué aborto tan sangriento¡- Pero le ahoga la voz una payasa espartana y belicosa, cuando le cubre la boca con un  beso-chupeta, que lo pone a temblar.


140.4. LA BIOÉTICA Y LA EXPULSIÓN DE LOS SIETE SABIOS

Los Sabios asistieron en la Escuela de Derecho de Ucevépolis, a una conferencia  sobre la Bioética a cargo de  la doctora y profesora rusa Natalia Buffaloba, especialista en Bioética, comisionada por una Organización internacional.

El término  biética -dijo- fue utilizado por primera vez en 1970,  por el oncólogo norteamericano Van Rensselaer Potter, de la Universidad de Wisconsin. Posteriormente salió a la luz su libro “Bioética: Puente hacia el futuro”, que recogía algunos de sus artículos.

Como rama de la Ética, la bioética  propone algunos  principios que orientan la conducta humana en el área biomédica. Sin embargo, se ha extendido hasta comprender también las cuestiones relativas al medio ambiente y al trato debido a los animales.

En la Bioética confluyen la biología, la medicina, la filosofía, la política, la antropología, la sociología, la teología y el derecho.

Algunos opinan que la bioética atañe, únicamente, a las cuestiones morales atinentes a los tratamientos médicos o a las innovaciones de la tecnología, enfatizando los derechos inalienables del hombre y su dignidad.

Podría decirse que el sentimiento bioético nació a raíz del descubrimiento de los atroces experimentos científicos perpetrados por los nazis en los campos de concentración, y debido a los cuales la Humanidad estuvo en adelante alerta ante la posibilidad de que los científicos perdieran el control de sus actividades, violando, por esa vía, derechos fundamentales del ser humano

Algunos bioeticistas como Beauchamp y Childres, propusieron los cuatro principios de la Bioética: de la autonomía, de la no maleficencia, de la beneficencia y de la justicia.

Después de especificar cada uno de estos cuatro principios, la profesora expresó a manera de conclusión: Los principios bioéticos deben entrar a formar parte del Derecho, a través de leyes de bioética que los hagan cumplir.

-Me parece muy bien todo esto, profesora- observó Tales. Sin  embargo, me da la impresión de que Usted confía demasiado en las leyes. Las leyes no operan por sí solas: es fundamental el grado de consciencia moral de los funcionarios encargados de darles cumplimiento. Es preciso asegurar  que los funcionarios encargados de velar por el cumplimiento de las diferentes disposiciones de las leyes bioéticas, satisfagan cabalmente sus deberes legales al respecto. Y la única forma de garantizarlo es la seguridad moral que podría y debería servir como base de la consciencia ética de los funcionarios. Lo demás es teoría, abstraccionismo, idealismo, irrealidad, ilusión…Y las ilusiones no frenan, no evitan las desviaciones de quienes manejan (o manipulan) la ciencia…
La responsabilidad ética de los funcionarios es clave, y clave fundamental para que la Bioética se cumpla, se realice.
Pero, ¿qué hacer para obligar efectiva y eficazmente a esos funcionarios para que acaten las leyes bioéticas? La única forma de lograrlo radica en admitir que la Moral debe regir y corregir el Derecho. Es decir, que la Moral y el Derecho deben conjugarse en una simbiosis perfecta, donde la Moral sea jurídicamente obligatoria.

Tomó la palabra Solón:
-Profesora.Las leyes de la Bioética están llamadas al fracaso mientras la Moral se mantenga fuera del ámbito del Derecho, y para que la Moral se integre al ámbito del Derecho, es necesario que se le reconozca  poder coercitivo como norma jurídica.

-No mezcle la Moral con el Derecho- repuso ella, con acento inapropiado.

-Debo mezclarla, doctora, debo mezclarla, y Usted también, porque es sujeto de responsabilidad moral. Todo ser humano es un animal moral.

-No me llame animal. Animal es Usted…- gritó , soltando algunos  rezongos y dejando escapar algunas frases en ruso, que fueron traducidas como francas vulgaridades proferidas contra los Sabios y sus respectivas progenitoras,  a los que no dudó en tildar de  “revoltosos”, “locos sueltos” y “aguafiestas sin oficio”, y otros improperios.

Al parecer, la Dra. Buffaloba supuso que en el salón sólo ella conocía un extraño dialecto de la lengua rusa, por lo que se permitió mentar la madre a los Sabios,  como todo un Rasputin.

Los organizadores, llenos de vergüenza internacional,  los expulsaron del salón y los ficharon para vetar  su presencia en otra oportunidad.

Pero las cosas no terminarían ahí. Porque varios de los presentes filmaron y grabaron con sus celulares los gestos y las groserías de la ilustre delegada, tan gruesas como las de cualquier cosaco.



140.5.SOLÓN DEFINE EL DERECHO CAVERNARIO.

Los Siete sabios eran fuente permanente para los periodistas. De ahí que éstos estuvieran al acecho. Enterados de que Solón había manifestado ante el Profesor Rapácides Pakidermos ciertos conceptos relativos al Derecho, le preguntaron “qué era eso del Derecho cavernario”.
-No pretendo especificar en detalle, ahora, qué es o pueda ser lo que denomino DERECHO CAVERNARIO. Todo se puede resumir diciendo que es DERECHO CAVERNARIO el que responde a una mentalidad y a una actitud propia de trogloditas morales. Porque se necesita ser un cavernícola moral para afirmar con todo descaro que la Moral no se requiere en el ámbito del Derecho o que su presencia sólo debe permitirse a medias, casi como algo indeseable.

-Pero, ¿por qué es necesaria la Moral en el Derecho? Que yo sepa, todos los días vemos como los abogados hablan del Derecho, pero nada o muy poco de la Moral en relación con el Derecho.

-Que la Moral sea ignorada no significa que no exista. Es como el Código Penal. Los delincuentes odian el Código Penal. Pero por mucho que lo ignoren, él sigue presente. La Moral siempre está presente cuando se trata del obrar humano. Desde que un diputado comienza a concebir la idea de una posible ley, emite un acto de naturaleza moral, porque se apoya necesariamente en una opción entre el bien y el mal.
El Derecho es obra humana. Todo lo que tiene que ver con el Derecho y con la ley y su realización, son actos humanos. Todo acto humano consciente y libre, gira en el ámbito de la responsabilidad moral, de cuya autoridad nadie –ni siquiera los legisladores, los jueces ni los juristas- pueden escapar. De manera que el hecho de que los juristas o los funcionarios nieguen, ignoren, rechacen o combatan la Moral, es absolutamente intrascendente, como ya dije.
-Pero, existe algo que se llama libertad. Existe libertad de pensamiento…
-Disculpe que lo interrumpa. Existe el derecho a la libertad de pensamiento, pero no la libertad para desechar o rechazar simplemente lo que no convenga. Y volvemos al ejemplo del delincuente y del Código Penal: el delincuente lo rechaza porque no le conviene. Pero estoy seguro de que si el sindicato de los delincuentes pide al Poder Legislativo que derogue ese Código porque les resulta antipático, los legisladores no lo derogarán, porque lo menos no puede prevalecer sobre lo más. Si no fuese así, no habría ninguna ley en el país porque cada sector suele rechazar la ley que lo controla.
No olvide que el hombre es un animal moral. El hombre, además de ser un animal racional, como lo definiera Aristóteles, es un animal moral, porque- como dice alguien-  el hombre siempre debe explicar lo que hace y el modo como lo hace, si ello es justo y recto, o injusto e incorrecto.

-Sin embargo, señor Solón, hay filósofos del Derecho que hoy admiten la injerencia de la Moral en el Derecho.

-Si los hay. Pero admiten una participación lejana, ocasional  y débil de la Moral en el Derecho, que no producen resultados tangibles, pues todo sigue de mal en peor en la Administración Pública.

-Entonces, ¿qué es lo que Usted  propone?

-Estoy de acuerdo con una teoría novedosa que postula la conjunción estrecha, plena, real, de la Moral con el Derecho, no una simple relación, tenue, débil, lejana, aparente. Y postula también la existencia de un Estado Ético de Derecho.

-¿Qué es el Estado Ético de Derecho?

-En pocas palabras un Estado donde la Ley Moral sea norma jurídica, constitucionalmente establecida. Un Estado donde haya un gobierno gobernado y no un gobierno gobernante.

-¡Un gobierno gobernado! ¿Qué es eso?

-Un gobierno gobernado por los ciudadanos a través de la Ley Moral constitucionalmente obligatoria.

De pronto, el sindicato de profesores interrumpió la entrevista y amenazó a Solón con la expulsión de la Universidad “por incitar al odio”.


miércoles, 17 de junio de 2020

SACCAS, OTRO HIJO DE LAS CALLES. JUAN JOSÉ BOCARANDA E





SACCAS, OTRO  HIJO DE LAS CALLES

Buenas, amigos. Los saluda Saccas. Simplemente Saccas. No tengo apellido. Y el “Saccas”  no sé de dónde ni cómo salió. Tal vez fue algo que se me quedó pegado en esas calles que vengo pateando desde hace 45 años. Porque hasta creo que nací en alguna calle. Es probable que mi madre haya muerto cuando me parió. Pero estoy suponiendo. Alguna persona caritativa me recogió, me bañó y me vistió y de ahí en adelante, también suponiendo, tal vez fui una pelota, saltando de familia en familia. Hasta que reventó el momento en que todo tendría que parar: la calle. Porque cuando desperté al uso de la razón, ya me vi en la calle. Y comencé a andar, ensayando mis caminos de menesteroso, como hacen todos lo pordioseros del mundo. También fui un rapaz. Robaba cuanto podía, sobre todo para comer. O cosas que pudieran representar comida porque yo pudiera venderlas. Sin embargo, gracias a Dios jamás me metieron en algún retén para menores o algo parecido. Porque amo la libertad. Un día me dije, para estar comiendo mal en un retén, y además acosado y maltratado, prefiero comer mal, pero libre. Y bajo esta idea me mantuve y me he mantenido hasta ahora.
Un día tuve la suerte de conocer, por casualidad, a quien sería mi gran amigo: Simplicio, quien ha sido mi soporte y mi guía. El me ha enseñado a vivir y sobrevivir. Ha despertado en mí el ansia de saber, de saber. Y me ha hablado de muchas cosas interesantes, de esas que hablan y hablan los que saben de verdad, los doctores, aunque encuentro en ellos algo que me repugna, y esa ese airecillo de importancia. Cómo se avientan cuando van a decir algo, alguna pendejada, porque hasta ellos, que tanto saben, dicen pendejadas, pendejadas pequeñas y grandotas. Y cuanto más pendejadas, más se avientan. A mí me da miedo y me alejo de ellos todo cuanto puedo, porque ¿y si revientan? Arrojarían hacia todos lados pedazos de carne y huesos y chorretes de sangre y eso es asqueroso, porque también a los pordioseros, a pesar de lo que se diga de nosotros, nos provocan asco ciertas cosas, pero sobre todo la gente que se las da de importante, y muy, pero muy por encima de todo, los políticos, que por el solo hecho de serlo, indican que son una ñoña  por mucho que vistan y se echen perfumes.
Conocí a Simplicio cuando menos lo esperaba: ambos coincidimos en un basurero y sin darnos cuenta el uno del otro, nos agachamos para recoger una naranja, y nos dimos un topetazo. Levantamos la cabeza, nos miramos y de inmediato nació entre nosotros una onda de simpatía. Soltamos una carcajada, y ese fue el grito del amanecer de nuestra amistad. Eso hace como treinta años. Desde entonces hemos trabajado juntos. Juntos pero no revueltos. Porque muchas veces la vida nos empuja por caminos diferentes. Pero nos encontramos de nuevo porque tenemos fijado un sitio de reunión por lo menos cada tres días, para conversar y cambiar opiniones e intercambiar experiencias, pues ello forma parte de la supervivencia de los pordioseros.
Como dije, Simplicio me ha enseñado muchas cosas. Me enseñó a  interesarme por los papeles que encontramos en los basureros. Me enseñó a leer, pues yo no sabía qué era el abecedario. Me enseñó a interpretar lo que leía, lo cual es muy importante, pues si no ¿para qué se lee si no es para entender y comprender? Además, me enseñó a hablar, a conversar, y me ha enseñado a utilizar nuevas palabras, pero siempre prestando atención a la etimología.
Sí. Simplicio me ha enseñado a expresarme como es debido. Si no fuese así ¿cómo creen ustedes que estaría diciendo estas cosas en la forma en que lo hago? Si no fuese porque no quiero parecer petulante y aventado y bocón como los doctores, me atrevería a decir que me expreso bastante bien, tomando en cuenta que jamás he asistido a la escuela, y todo esto se lo debo a mi amigo. El me ha designado como su secretario. Soy, además, el encargado de ordenar y cuidar sus archivos, que tenemos en un lugar secreto y seguro. Algún día nuestras memorias serán descubiertas y publicadas y se llegará a la conclusión de que también los limosneros somos gente culta, aunque no lo parezcamos debido a  los harapos que vestimos, a que andemos sucios y peludos y a que sólo conservemos unas cuatro piezas dentales, que sin embargo sabemos manejar como si las tuviésemos todas completas, pues tal es la dentadura del hambre. Ah. Hablando de hambres: Antes de que se me olvide: Simplicio y yo estamos escribiendo una obra que seguramente hará cola entre los candidatos al Premio Nobel: se trata de una obra de filosofía de la vida-muerte, cuyo título es: “Disquisiciones Famélicas”, que llevamos bastante adelantada. Pero se trata de un secreto que seguramente ustedes respetarán. ¿Verdad? Por favor, no lo divulguen, porque en este hermoso país superabunda la gente envidiosa y podrían robarnos la obra y luego publicarla alguna editorial ladrona, de ésas que hay por allí afuera. Y que no  lo sepan los políticos porque podríamos romperles el negocio de aparentar que este es un país próspero, donde no hay pobres ni mucho menos toneladas de hambre.

Bien, amigos. Un placer el contacto con ustedes. Volverán a tener noticias de mí. Los invito a visitar la Sección de SIMPLICIO, EL FILÓSOFO DE LA VIDA MUERTA. Muchas gracias.

jueves, 28 de junio de 2018

RECUERDOS ACERCA DE “LA MAZORCA DE LUZ”, CUADERNO DE DERECHO PARA LOS INDÍGENAS DE VENEZUELA Juan José Bocaranda E


RECUERDOS ACERCA DE “LA MAZORCA DE LUZ”, CUADERNO DE DERECHO PARA LOS INDÍGENAS DE VENEZUELA

Juan José Bocaranda E


“UNA GUÍA PARA DECIR A LOS CRIOLLOS, SIN MIEDO...”
Trabajaba en la Fundación La Salle cuando me aboqué a elaborar un Cuaderno destinado a despertar en los indígenas de las diferentes etnias de Venezuela, el conocimiento del Derecho y de las leyes fundamentales: "La Mazorca de Luz". Enfoqué como punto de partida didáctico elementos culturales indígenas. Cuentos, leyendas, mitos, poemas. Salió a la luz en 1985, con motivo de la realización del Primer Congreso Piaroa, que concentró a numerosas comunidades de esta etnia.
El Cuaderno -al que siguieron otros, con la misma finalidad, aunque no fueron publicados-, fue editado por la Fundación La Salle de Ciencias Naturales y el Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho.
Los prologuistas (Hermano Ginés y Monseñor Enzo Cecarelli), destacaron: "Cuadernos como éste tienen como fin subsanar la injusticia representada por la desinformación legal de los aborígenes venezolanos y su consecuente pasividad frente a los atropellos a los que se ven sometidos...".
El trabajo se desarrolla en un lenguaje sencillo y, conforme a mi intuición, lo más cercano posible a la idiosincrasia indígena. Y lo logré si nos atenemos a los comentarios de los propios indígenas cuando decían "Bocaranda sí nos entiende". Los capítulos se intitulan así: Desde los pequeños caños; La reina de las abejas, La mazorca de luz y La maldición de Káputa. Con subtítulos como: La flecha que punza el aire; El origen del trueno, de la yuca y de los ríos; El mundo amargo; La falca inmóvil; El cuento de Cononatu; La inmensa alegría del corazón que corre; Tarén contra muchos males, etc.
El maestro indígena warao Librado Moraleda (q.e.p.d.) me escribió una carta donde decía: "el Manual me ha servido muchísimo para conocer nuestros derechos como ciudadanos venezolanos. Me ha servido de guía para decir a los criollos, sin miedo: ustedes están pisoteando nuestros derechos... La forma de escribir este Manual está bien, está claro y sencillo y fácil de entenderlo".
La elaboración del Cuaderno me ocasionó una reprimenda. Un eminente antropólogo ya fallecido, profesor universitario, de orientación marxista, fue el autor de la regañina porque, según él, estaba "contribuyendo a incrementar la farsa de las creencias religiosas en los indígenas, citando, además, el nombre de sus dioses". Es algo gracioso porque el nombre de la quinta de este señor, ubicada en Caracas, donde estuve en una ocasión, es Quetzalcoatl, uno de los dioses de la cultura mesoamericana.
Un año después de la publicación del Cuaderno, me visitó el Padre Antonio Peña, salesiano, abogado, quien me informó que el Cuaderno había sido traducido a varias lenguas indígenas, entre ellas el sinuaki, de los Guahibo. Me entregó un ejemplar de esta traducción, y agregó que los indígenas defendían sus derechos ante las tropelías de las autoridades, enfatizando "Así dice Bocaranda". Y con satisfacción lo dije. Porque se trata de los auténticos dueños del territorio venezolano, que les fue arrebatado con engaños, violencia y sangre.

 “AYÁAA CAÑOGRUYA”
Estuve en  Caño Grulla en 1985,  para entregar a los hermanos Piaroa el Cuaderno de Derecho “La Mazorca de Luz”. En Puerto Ayacucho me alojé en la casa de los padres salesianos, con quienes me había relacionado a raíz de la introducción de un Recurso de Amparo a favor de los indígenas (1983).
Llegué a Puerto Samariapo. Todo desierto. Después de largas horas, cerca de las tres de la tarde por fin apareció una pequeña canoa, en la que terminé viajando y de la que era dueño un señor colombiano, Tomás Gudiño. Él la tenía por vivienda, junto con su mujer piaroa y el niño de ambos, de dos meses de edad.
Nos cayó la noche. Pernoctamos en la casa de Pablo Rivera, también colombiano, ubicada a orillas del Orinoco.
En la oscuridad, solo puedo conocer la voz de Pablo hasta que al día siguiente el sol me lo alumbre humilde, franco y amable.
El tiempo estuvo amenazando toda la noche, con enormes fogonazos que nos tasajearon el sueño en aquel tablado, tendido sobre trocos enormes.
Pablo Rivera extiende frente al caney el cuero de una tragavenados que un vecino mató hace varias noches, cuando trató de sorprenderlo mientras buscaba agua a la orilla del río. Me lo ofrece en venta. Rechazo amablemente la oferta.
Pablo es muy, pero muy pobre. Solo le acompañan una mujer piaroa, una sartén, una olla, dos platos, dos vasos de aluminio, todos abollados, algunos cubiertos, y una mesa ennegrecida por el moho. Sobre las tablas carcomidas rebotan las goteras de la mañana lluviosa, mientras desayunamos con pescado que ha llevado Tomás.
Nos despedimos con sensible tristeza. Ya en la canoa, la mujer de Tomás señala con el dedo el horizonte detrás de ella y me dice en castellano casi ininteligible, "ayáaa, Cañogruya", mientras sostiene sobre las piernas al niño recién nacido, silencioso como la brisa del río, y cuyo llanto no llegué a conocer.
A tantos años de distancia, vuelvo la mirada hacia atrás y veo con sentimiento, dos parejas humildes, un niño criado a la intemperie, en una desvencijada canoa, la mansa resignación de Pablo Rivera y de su callada mujer y el alma generosa de Tomás Gudiño, a quienes hubiese querido servir como un hermano. Sentí la urgencia interior de ayudarlos económicamente, pero no me alcanzaba. Lamentablemente, la sola fraternidad y la sola buena voluntad no rinden.

EN LA CHURUATA DE LA COMUNIDAD PIAROA

Tratamos de llegar al pequeño desembarcadero de Caño Grulla. Pero lo había destruido  una inundación.

Nos movemos en la canoa entre grandes árboles hundidos en profundas aguas negras donde la pértiga no alcanza.

Cuando finalmente hallamos dónde desembarcar pregunto  por Mario, joven dirigente indígena, a quien ya conocía desde Caracas. Habla el castellano fluidamente, además de su lengua nativa. Me presenta al jefe de la comunidad. Dicen que la mitad de la población es católica; la otra mitad protestante. Las religiones, en vez de unir, dividen...

Me conducen a la gran churuata. Las deliberaciones han comenzado. Pasado mañana, viernes, entregaré ”La Mazorca de Luz” a todos los asistentes. Por lo pronto, se trata de almorzar. Me sirven arroz y carne de perezoso.

Averigüé dónde estaban ubicados los retretes. Pero era imposible acceder a ellos, porque cinco mujeres procedentes de Caracas por pura novelería, obstaculizaban la entrada. Habían colgado frente a la puerta los chinchorros y cocinaban acostadas, la fogata en medio. Estaban, pues, a  boca de jarro. Todo a la mano  como para empanzarse y desembarazarse sin  ir muy lejos.

Yo, en cambio, tuve que  buscar el monte. Pregunté a Mario dónde “hacerlo”, y me respondió métase por algún caminito hacia el río, pero cuidado con los caimanes. Tremendo dilema...No quería  quedar por lo menos  sin trasero en las fauces de un vulgar aligatórido...

Llega el viernes y me acerco a la gran churuata con los Cuadernos.   Un indígena copeyano toma la palabra y dice algo en piaroa. Le pregunto a Mario. El dirigente les está diciendo que el Partido Copey les elaboró el Cuaderno y que en agradecimiento deben votar por el candidato verde. Me pongo de pie, pido a Mario que les vaya traduciendo, y les digo con voz de trueno: eso es completamente falso. El Cuaderno lo escribí yo, porque me dio la gana. No pertenezco a ningún partido.
El público abuchea al farsante y lo expulsa de  la churuata.

Misión cumplida. Pero al parecer sólo podré regresar el lunes. Muchísimo tiempo. Más largo que mi corta paciencia. Pero, de pronto llega el Gobernador Alberto Müller Rojas.  Aprovecho el regreso de un comandante del Ejército a Puerto Ayacucho. Viajamos en una de las “rápidas”, y varias horas más tarde estoy en Puerto Ayacucho.

De cuando en cuando me dice mi esposa: dos viajes totalmente inútiles  cuando trabajabas en la Fundación: para Caño Grulla y para El Tisure, adonde Juan Félix Sánchez. A perder el  tiempo...
¿Lo perdí? Creo que no. ¿O sí?