EL DICCIONARIO DE DIÒGENES
LAISSEZ FAIRE.
Laissez
faire, laissez passer”.“Dejar hacer, dejar pasar”. Signo y consigna de los funcionarios esencialmente podridos, que desearìan
hasta el fondo del alma –donde yace el cieno- que no hubiese regla ni control
alguno capaz de impedirles los abusos, las tropelías, los negociados y los atracos
presupuestarios, para salir algún dìa –y eso a la fuerza- de la cueva de su
imperio guebernamental. Para ellos, lo ideal sería que fuese excluido del
Còdigo Penal y de las demás leyes penales, todo asomo de castigo contra sus
hechos criminosos, suposición que se explica por el hecho de que vienen desde
el seno materno con la idea de que son seres “especiales” a los que todo,
absolutamente todo, les està permitido. Y es que en realidad son “especiales”.
Porque se necesita tener cuajo para dedicar la vida a los acomodos, a la zalamerìa,
a las intrigas, al engaño, a la falsedad y a la traición, en un incansable
agite por lograr o mantener el poder, y, a pesar de todo –de las comilonas, de
las borracheras, de los remordimientos estomacales- mostrarse tan campantes,
tan como si nada de nada, tan lustrosos, tan panzudos, tan encopetados y
embarazados. En fin, una vidorria malentretenida que no podría soportar una
persona normal. Porque, ¿còmo se explica que un gobernante que se preocupa, que
trabaja de verdad, que “se sacrifica por la patria” de verdad, engorde como un
cerdo en vez de estar flaco y demacrado? ¡Observen, si no!. A medida que pasan
los días en el cargo, van engordando. Entran como ratones famélicos y salen
como vacas portentosas.
“Dejarme
hacer, dejadme pasar, no me estorbéis, deteneos y conteneos, no interfiráis,
dejad la manìa de las injerencias, no os estrometàis, que estoy haciendo labor
de patria”. ¡Miki!
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