MEMORIAS DE
DIÒGENES
UNA SALIDA JURÌDICA
En el Terminal de Pasajeros
de Atenas, el repartidor de equipajes gritò a Cleòbulo:
-Con este boleto no puede
reclamar las maletas, y acto seguido llamó a unos policías
matraqueros para que nos detuvieran “por estafadores”.
Los policías le decomisaron
unas empanadas
chilenas que compartieron entre ellos dándose a devorarlas entre risotadas de
perros hambrientos y con el desparpajo propio de los cobardes, que se amparan
en el poder y lo disfrutan.
En cuanto a Cleòbulo, no sè por què se me vino la imagen de un filòsofo humillado,
que anduviese por las calles de Atenas con
los jitones deshilachados y
cubriéndose las vergüenzas como quien procura ocultar la verdad para no
escandalizar.
Finalmente nos dejaron en libertad, después de varias horas de dimes y
diretes de leguleyo, en lo cual tuvo participación destacada Bias, el màs
ladino de los Sabios, (que también los hay..,).
Intrigado Solòn por la forma en que se había resuelto el problema, le
preguntò:
-¿Què les alegaste, Cleùbulo, que los convenciste con facilidad?
-Simplemente les hablè de las
diferencias entre el juris tantum y
el juris et de jure respecto al
derecho a la libertad de trànsito en el Paleolìtico Superior.
-¿Luego los jodiste a punta de latinazos?
-Asì fue –respondió Bias-
Entonces, el parlamentario se frota las manos entre grandes
carcajadas, mientras el nalgatorio
congresalicio le oscila sobre un endeble guacal de verdura.
-Asì se hace –dice con satisfacción- Asì se hace con esos cabezas de gallina.
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