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lunes, 5 de enero de 2015

MEMORIAS DE DIÒGENES, POR UN LETRADO DE BUKKARAS.



POR UN LETRADO DE BÙKKARAS

Todos los Sabios coincidieron en afirmar que el viaje había sido muy poco placentero, a pesar de la ataraxia o “imperturbabilidad de ànimo” que sirve de consuelo a muy contado número de filósofos, pues la mayoría no se aguanta y se desata en impacientes improperios en las situaciones más diversas.  
Y fue que en Kukkuttàpolis habían tenido que cruzar por circunstancias  capaces de sacar de sus ranchillos aun al más fiel de los estoicos, como lo fue la pèrdida de los pasaportes.
Gracias al cielo que el dios de los filósofos –que  debe ser el más sabiondo de todos- les ayudó en una forma poco esperada, pues un letrado que vendìa  pescado en el Mercado Municipal les consiguió la documentación a cambio de ciertos pergaminos de Aristóteles que portaba Quilón cosidos a sus jitones.
Se decía que  Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd, alias Averroes,  tenía copia fotostática de ellos. También los Siete. Para algo podrían servirles.

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